Un día cualquiera del 2030 - Ecos de un mundo con Inteligencia Artificial
- Mariano Tello Nocetti
- 7 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Epígrafe: No podemos detener el futuro, pero sí podemos decidir cómo queremos vivirlo.” Gerd Leonhard
Suena tu alarma. Son las 06:37 a.m (del 06 de agosto del 2030). Tu reloj ha calculado el momento perfecto en tu sueño ligero para despertarte y que te sientas más fresco. Estiras los brazos y escuchas una nueva alarma. Revisas tu muñeca: tu smartwatch te indica que debes beber 300 mililitros de agua para hidratarte, ya que es lo que tu cuerpo necesita.
Vas a la cocina y le pides a tu celular que toque música matutina. No tienes que especificar nada: ya se ha calculado una playlist tranquila y relajante, porque te moviste mucho durante la noche. ¿Pesadillas, quizá?
Revisas tu dieta en la app. Para recuperarte del ejercicio que hiciste ayer en el gimnasio, deberás comer un huevo y medio con jamón, una malteada de proteína con almendras y solo media manzana.
Te preparas todo mientras escuchas un podcast generativo. De esos que se crean automáticamente en el momento, según tus intereses: lo que has googleado, lo que le preguntaste a ChatGPT y cosas que probablemente te gusten, de acuerdo con tus hábitos de escucha.
Te bañas y vas directamente a la computadora a iniciar tu jornada de home office. Abres tu aplicación de productividad y puedes ver las reuniones que tendrás a lo largo del día. No hubo necesidad de coordinarte con nadie: sus algoritmos lo hicieron todo. Tu lista de pendientes también se ha organizado automáticamente, revisando tu correo electrónico, tus anotaciones, tu calendario y aquello que aún es inescapable (pagar tus impuestos).
Tu voz activa el modo trabajo. Empiezas por los correos. Ya no tienes que escribirlos: dictas lo esencial, y tu asistente los redacta con el tono adecuado para cada destinatario —cordial para uno, persuasivo para otro, cálido para el tercero—. Revisas, ajustas y envías con un clic.
A las 10:00 a.m., una de tus reuniones inicia. Pero no estás realmente ahí. Un avatar digital con tu rostro, entrenado con tus criterios, decisiones y estilo de liderazgo asiste por ti a la primera parte. Graba, sintetiza y te envía alertas en tiempo real si algo requiere tu presencia directa. Mientras tanto, terminas un proyecto que exige tu criterio humano: pensar en una nueva campaña que conecte con personas reales. Intervienes en dos momentos de la reunión y cuando finaliza todos reciben un resumen automáticamente, así como sus tareas a realizar, vía correo electrónico.
Tu agenda también ha previsto descansos. No solo por salud física, sino mental. A las 12:17 p.m., tu smartwatch te sugiere un paseo corto. Detecta tu ritmo cardiaco elevado y la IA ajusta la música para ayudarte a regularlo. Caminas sabiendo que no pierdes el control del día: tu IA está coordinando todos los correos que llegan, los mensajes de WhatsApp y otros pendientes en segundo plano.
Ya es hora de comer. Tu sistema te sugiere ensalada, atún y solo un poco de pasta. Es compatible con tus metas de salud, tus preferencias y lo que hay en tu refrigerador. La receta aparece paso a paso en voz mientras cocinas. No, no le pongas más salsa picante: tu IA recuerda tu última gastritis y lo que costó curarte.
Por la tarde, mientras trabajas, tu IA te propone ideas nuevas: mejoras en tus proyectos, oportunidades de automatización y hasta artes visuales de prueba para esa nueva campaña.
Cuando terminas la jornada, se activa tu modo ocio. Te pregunta antes si quieres socializar: te propone una videollamada corta con tus padres, o un mensaje para esa amiga que últimamente no contesta. Una vez que terminas, la iluminación cambia suavemente, y aparece en pantalla la serie que quedó pendiente... o tal vez un videojuego de 20 minutos para desconectar.
Antes de dormir, revisas tus métricas. Tu cuerpo se ha recuperado bien del esfuerzo físico. Tu estado de ánimo —medido con microexpresiones y variables biométricas— ha sido estable. Se sugieren diez minutos de meditación guiada antes de acostarte. La IA no lo impone. Solo te recuerda que se lo pediste: ayudarte a ser más espiritual.
Apagas la luz y te despides, deseándole las buenas noches.
Y me contesta: “Hoy fuiste más tú que ayer. Buen descanso, Mariano.”
Publicado en Ecodiario el 06 de agosto del 2025

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