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Una inteligencia en tu mente - Ecos de un mundo con inteligencia artificial

  • Foto del escritor: Mariano Tello Nocetti
    Mariano Tello Nocetti
  • 23 jul 2025
  • 3 Min. de lectura

“La inteligencia artificial es como un espejo: refleja lo que somos, pero no lo que necesitamos.” — Yuval Noah Harari, historiador y autor de Homo Deus


Cuando inicié la serie de artículos “Ecos de un mundo con inteligencia artificial”, mi idea original era escribir cuatro entregas: sobre la educación, las relaciones humanas, el trabajo y, finalmente, el futuro de la inteligencia artificial en nuestras vidas. Sin embargo, tras conversar con varios amigos y leer algunos de los comentarios que me han hecho llegar, surgió un tema adicional que merece atención: la inteligencia artificial en el campo de la salud.


Uno de los usos más sorprendentes y, a la vez, prácticos que hemos encontrado para estos chatbots ha sido su aplicación en la salud mental.


Cada vez más personas están pidiéndole a ChatGPT que actúe como su terapeuta. Si bien aclara que no es un profesional de la salud y que siempre recomienda consultar a uno, puede entablar conversaciones que simulan una sesión real. Según una encuesta de Tidio realizada en 2023, el 23% de los usuarios de chatbots en EE.UU. han utilizado IA para hablar sobre problemas emocionales o psicológicos. [Fuente: tidio.com]


Pero no debemos olvidar que una profesión no se basa solo en conocimiento teórico, sino también en experiencia, sensibilidad y observación.


Conversando con el psicólogo zacatecano Eumir Cázares, me hablaba del valor del lenguaje no verbal en la consulta: de saber cuándo un paciente se pone nervioso, se incomoda, o cuándo es momento de redirigir la conversación con tacto. Me decía: “Entiendo lo que me dices, y es interesante esto nuevo que me platicas… pero volvamos al punto anterior. Creo que ahí hay algo que tenemos que sanar antes.” El terapeuta está entrenado no solo para escuchar, sino para ver: tus manos, tus pies, tus facciones, tus nervios, tu paz, tu alegría… y para interpretarlas. También comprende tus temas recurrentes, los que evitas, los que enfrentas. Tiene la capacidad de medir y devolver con sentido.


Las IA no hacen eso. Siguen comandos, responden preguntas y obedecen. Pero no intuyen, no contienen, no confrontan con empatía. Son fácilmente engañables. Los humanos, no.

La terapeuta Yucel Cuevas, también zacatecana, me compartió algo que resonó profundamente: “Como seres humanos, sabemos cuándo alguien nos miente. Y en base a eso, decidimos qué hacer con esa información.”


Porque no solo es lo que se dice lo que sana. Es la repetición. Es el acto de hablar y ser escuchado. Es saber que alguien está ahí, no solo simulando presencia, sino compartiéndola.


El ser humano necesita ser visto, escuchado, cuidado. Una inteligencia artificial puede ofrecer una terapia sintética, pero aún no logra replicar lo más básico de un proceso terapéutico: la conexión profunda. Un algoritmo no puede descubrir con certeza una enfermedad o una patología solo a partir de la conversación, especialmente si la persona aún no sabe lo que tiene.


Aquí, entonces, surge un grupo de preguntas necesarias:

●      ¿Qué ha hecho que cada vez más personas se vuelquen hacia las áreas de salud mental en busca de ayuda?

●      ¿Por qué buscamos, quizás antes, a una aplicación que a una persona?

●      ¿Es una cuestión económica?

●      ¿De pena?

●      ¿O simplemente de comodidad?


Y quizás lo más inquietante no sea lo que la inteligencia artificial puede hacer, sino lo que deja de exigirnos. No requiere que nos abramos, que miremos al otro a los ojos, que confrontemos nuestros vacíos con honestidad. Nos escucha sin interrupciones, pero también sin alma. Y aunque eso pueda parecer suficiente para algunos, es también una señal de alarma: si el consuelo puede ser simulado, ¿nos bastará con eso? En el intento de evitar el dolor, ¿estamos dispuestos a renunciar también a la verdad? Porque a veces, el verdadero crecimiento no está en sentirnos mejor, sino en entendernos mejor.


No olvidemos que, para lo más humano, aún no hay reemplazo.


Publicado en Ecodiario el 22 de julio del 2025

 
 
 

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